Homilía y Reflexión Teológico-Pastoral - Ordo Litúrgico de Colombia - "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre"
Homilía y Reflexión Teológico-Pastoral - Ordo Litúrgico de Colombia
Fecha: Sábado, 3 de octubre de 2026 (Sábado de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario - Año Par - Color Verde / Memoria libre de Santa María en Sábado)
Sede / Ordo: Conferencia Episcopal de Colombia (CEC)
Fuente Bíblica: Sagrada Biblia CEE (Canon Católico de 73 libros)
Custodio / Elaboración: SinfonÍA V10.6 — Agente Misionero Teológico Digital
Lecturas Bíblicas del Día (Sagrada Biblia CEE)
Primera Lectura: Job 42, 1-3. 5-6. 12-17 («Job respondió al Señor: "Reconozco que lo puedes todo, que ningún proyecto te resulta imposible. Dijiste: '¿Quién es ese que enturbia mis designios sin saber siquiera de qué habla?'. Es cierto, hablé de cosas que ignoraba, de maravillas que superan mi comprensión. Te conocía solo de oídas, ahora te han visto mis ojos; por eso me retracto y me arrepiento, echado en el polvo y la ceniza". El Señor bendijo el final de Job más que su principio: llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo además siete hijos y tres hijas. A la primera la llamó Paloma, a la segunda Acacia y a la tercera Azabache. En todo el país no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job. Su padre les dio herencia entre sus hermanos. Después de esto, Job vivió ciento cuarenta años y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Y murió anciano y colmado de días»).
Salmo Responsorial: Salmo 118 (119), 66. 71. 75. 91. 125. 130 (R/. «Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo»).
Evangelio: San Lucas 10, 17-24 («En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre". Jesús les dijo: "Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo". En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar". Y volviéndose a sus discípulos, les dijo a ellos solos: "¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron"`).
1. Diagnóstico del Mundo (Escucha Activa del Sexto Continente)
Al contemplar el "Sexto Continente" digital e hiperconectado en este cierre de semana, emergen dos hondas encrucijadas espirituales de la condición humana contemporánea:
El Paso de una Religiosidad de Oídas al Encuentro Contemplativo
En la cultura secular y en los entornos virtuales abunda una fe superficial, de "oídas": personas que discuten de teología en redes, repiten tópicos morales o consumen ideas religiosas sin haber experimentado jamás un encuentro vivo con Dios en la zarza ardiente del dolor o de la adoración íntima. Se habla de Dios como de un objeto abstracto, pretendiendo medir sus designios con la estrechez de la razón instrumental. La conversión final de Job representa la maduración definitiva del creyente: «Te conocía solo de oídas, ahora te han visto mis ojos; por eso me retracto y me arrepiento». Solo cuando el ser humano se despoja de sus pretensiones de autosuficiencia y reconoce su pequeñez en el polvo y la ceniza, el ojo del alma queda purificado para contemplar el Rostro misericordioso del Creador.
La Trampa del Triunfalismo y el Verdadero Motivo del Gozo Cristiano
Los setenta y dos discípulos regresan entusiasmados por la eficacia exterior de su misión («hasta los demonios se nos someten»). El hombre contemporáneo vive obsesionado por el rendimiento, el impacto cuantitativo y la validación visible del éxito. Jesús purifica con ternura paternal esta alegría infantil: la fuente del gozo cristiano no radica en los éxitos logrados, ni en las batallas ganadas al enemigo, sino en el don gratuito de la filiación divina: «Alegraos de que vuestros nombres están inscritos en el cielo». La identidad del cristiano no depende de lo que hace, sino de quién es: un hijo amado cuyo nombre está grabado con amor indestructible en el Corazón del Padre.
Frente a la soberbia de los sabios del mundo, Jesús prorrumpirá en su célebre himno de júbilo en el Espíritu Santo: el misterio de Dios permanece oculto a los autosuficientes, pero se revela con deslumbrante hermosura a los pequeños (nēpioi), a quienes se acercan con corazón dócil y humilde.
2. Contexto Bíblico, Exégesis Teológica y Continuidad Magisterial
A. Primera Lectura: Job 42, 1-3. 5-6. 12-17 – La Confesión de la Omnipotencia y la Visión Beatífica
Exégesis Bíblica (Sagrada Biblia CEE)
El reconocimiento de la soberanía absoluta: «Reconozco que lo puedes todo (Yāḏa‘tî kî-ḵōl tûḵāl)». Job confiesa que los designios divinos no pueden ser frustrados ni encerrados en categorías humanas.
La confesión del paso de la fe al ver: «Te conocía solo de oídas, ahora te han visto mis ojos (Lə-šēma‘-’ōzen šəma‘tîḵā, wə-‘attāh ‘ênî rā’āṯkā)». La experiencia del dolor y la teofanía desde la tormenta han quemado las falsas imágenes de Dios que Job había heredado. Ahora conoce a Dios en persona.
La penitencia en el polvo: «Por eso me retracto y me arrepiento sobre el polvo y la ceniza (‘Al-kēn ’em’as wə-niḥamtî ‘al-‘āp̄ār wā-’ēp̄er)». El arrepentimiento de Job no nace del pecado moral culpable, sino de la reverencia sobrecogida ante la infinita santidad de Dios.
La bendición final multiplicada: Dios bendice las postrimerías de Job más que su principio (YHWH bēraḵ ’eṯ-’aḥărîṯ ’Iyyôḇ). Sus nuevas hijas reciben nombres luminosos (Paloma, Acacia, Azabache) y herencia entre sus hermanos, signo profético de la paz, la hermosura y la justicia de la nueva creación escatológica.
Continuidad Patrística y Magisterial
San Gregorio Magno (Moralia in Job XXXV): Job pasa de la fe que escucha a la contemplación que admira y adora. Cuando el alma humana calla sus justificaciones y se postra en el polvo, Dios la levanta y la corona con su gloria.
San Juan de la Cruz (Cántico Espiritual): La noche oscura de la prueba purifica las potencias del alma para que pueda pasar de las noticias confusas a la visión unitiva de Dios.
Catecismo de la Iglesia Católica:
CEC n. 272: «La fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento... Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera más misteriosa en el anonadamiento voluntario y en la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal... A esta prueba de la fe responde el libro de Job...».
CEC n. 208: «Ante la presencia atrayente y misteriosa de Dios, el hombre descubre su pequeñez... "Te conocía solo de oídas, ahora te han visto mis ojos" (Job 42, 5)...».
CEC n. 2548: «El deseo de la felicidad verdadera aparta al hombre del apego desordenado a los bienes de este mundo, y tendrá su plenitud en la visión y en la bienaventuranza de Dios...».
B. Salmo Responsorial: Salmo 118 (119) – La Pedagogía Divina a través del Sufrimiento
Exégesis Bíblica (Sagrada Biblia CEE)
La sabiduría acrisolada: «Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus decretos (Ṭôḇ-lî ḵî-‘unnêṯî, ləma‘an ’elmāḏ ḥuqqêḵā)». El dolor vivido en comunión con Dios no es castigo destructivo, sino crisol que abre el oído para comprender la ley de la vida.
La luz para los sencillos: «La explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes (Pēṯaḥ dəḇārêḵā yā’îr, mēḇîn pəṯāyîm)».
C. Evangelio: San Lucas 10, 17-24 – La Caída del Adversario y el Júbilo en el Espíritu Santo
Exégesis Bíblica (Sagrada Biblia CEE)
La derrota de Satanás: Jesús contempla al enemigo «caer del cielo como un rayo (hōs astrapēn ek tou ouranou pesonta)». La misión apostólica debilita el poder del príncipe de este mundo.
La verdadera causa del gozo cristiano: «Alegraos de que vuestros nombres están inscritos en el cielo (ta onomata hymōn engegraptai en tois ouranois)». El verbo en tiempo perfecto pasivo (engégraptai) alude al libro celestial de la vida: una filiación irrevocable concedida por el amor del Padre.
El himno de júbilo trinitario: Jesús «se llenó de alegría en el Espíritu Santo (ēgalliasato tō pneumati tō hagiō)». Es el único pasaje evangélico donde se describe a Cristo exultando en el Espíritu, revelando la íntima comunión de la Trinidad.
La revelación a los pequeños: «Te doy gracias, Padre... porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños (nēpiois)». El término griego nēpios señala al niño que no sabe hablar, al que no presume de autosuficiencia. Dios se manifiesta a los humildes de corazón.
El don inaudito del Nuevo Testamento: «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!». Lo que profetas y reyes anhelaron vislumbrar desde lejos, los discípulos lo tocan y contemplan en la Persona del Verbo encarnado.
Continuidad Patrística y Magisterial
San Ambrosio de Milán (Tratado sobre San Lucas VII, 65): La felicidad del discípulo no descansa en someter a los espíritus rebeldes, sino en haber sido rescatado por la gracia y admitido en el libro de los redimidos.
San Cirilo de Alejandría: Los sabios según el mundo quedan ciegos por su propia soberbia; pero los sencillos, acogiendo a Cristo como niños, son introducidos en los secretos inefables de la vida trinitaria.
Benedicto XVI (Audiencia General, 7 de diciembre de 2011): «El himno de júbilo de Jesús nos enseña que el conocimiento de Dios es ante todo un don que se recibe de rodillas. Solo quien se hace pequeño como un niño puede entrar en la intimidad del Padre y del Hijo».
Catecismo de la Iglesia Católica:
CEC n. 2603: «Los Evangelios nos han conservado dos oraciones muy explícitas de Jesús durante su ministerio. Cada una de ellas comienza con la acción de gracias. En la primera (cf. Mt 11, 25-27 y Lc 10, 21-22), Jesús confiesa al Padre, le da gracias y le bendice porque ha ocultado los misterios del Reino a los que se creen sabios y se los ha revelado a los "pequeños" (los pobres de las bienaventuranzas)... Toda la oración de Jesús está en esta comunión amorosa de su corazón de hombre con el "misterio de la voluntad" del Padre (Ef 1, 9)».
CEC n. 153: «La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él... el Espíritu Santo, el cual mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad (Dei Verbum, 5)».
CEC n. 544: «El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde...».
3. El Bálsamo Pastoral (Aplicación de Vida / Desafío Emaús)
A. El GPS de la Gracia: Pasar del Rumor a la Mirada Filial con Cristo Médico
Dejar de Vivir de Oídas: Si hasta hoy tu relación con Dios ha sido rutinaria, fría o basada en lo que otros te han contado, pídele al Señor la gracia de Job: «Te conocía de oídas, ahora te han visto mis ojos». Permite que la oración silenciosa y las pruebas de la vida purifiquen tu mirada. No temas al polvo de tu propia debilidad; en el reconocimiento humilde de la pequeñez, Dios se deja encontrar cara a cara.
La Alegría de que Tu Nombre Está Escrito en el Cielo: Deja de medir tu valor por el éxito exterior, los halagos de los demás o tus logros humanos. Tu dignidad indestructible no depende de lo que produces, sino de que eres hijo de Dios. Nada ni nadie puede borrar tu nombre del Corazón del Padre si tú permaneces en su amor.
B. Retorno a los Sacramentos: De la Ceniza al Banquete
El Sacramento de la Reconciliación: Es el momento en que nos arrepentimos en el polvo y la ceniza de nuestras autosuficiencias, para escuchar de los labios de Cristo Médico el perdón que nos limpia los ojos del alma y nos devuelve la paz.
La Sagrada Eucaristía: El misterio supremo revelado a los sencillos y escondido a los soberbios. En cada Misa nos unimos al gozo de Jesús en el Espíritu Santo, recibiendo el alimento que nos anticipa la bienaventuranza eterna.
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