La Asunción y el Viático de Gloria: Confirmación y Unción de Enfermos
La Asunción y el Viático de Gloria: Confirmación y Unción de los Enfermos
La victoria sobre la muerte: Cómo la elevación de María consuela nuestro sufrimiento y abre las puertas del Cielo.
I. Diagnóstico del Mundo: El Terror al Dolor y la Eutanasia
El hombre posmoderno, ebrio de culto a la juventud física y a la eficiencia productiva, padece un pánico insoportable ante la vejez, la enfermedad y la muerte. Cuando el sufrimiento se presenta, la cultura del descarte propone la falsa compasión de la eutanasia o la evasión nihilista. Frente al abismo de la desesperanza, la Iglesia proclama el dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos: nuestro cuerpo humano no fue creado para el polvo de la nada, sino para la resurrección gloriosa, sostenido en el combate por la Unción santa y el Espíritu de Pentecostés.
II. Triangulación de la Verdad Revelada
«Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza... ¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor.» — Apocalipsis 12, 1 y Carta de Santiago 5, 14 (CEE)
El 1 de noviembre de 1950, el Venerable Pío XII definió solemnemente mediante la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus (DH 3903) que la Inmaculada Madre de Dios, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial. El Catecismo de la Iglesia Católica (CCE n. 966, 1285, 1499-1525) expone que la Asunción es la anticipación singular de la resurrección de los miembros del Cuerpo de Cristo. Esta esperanza escatológica se robustece en la Confirmación, que nos sella con el Espíritu Santo para el testimonio audaz, y se convierte en medicina consoladora en la Unción de los Enfermos, que perdona pecados, alivia el sufrimiento y prepara el alma con el viático eucarístico para el paso hacia la Vida Eterna.
P. Juan Jaime Escobar: El Bálsamo de la Esperanza
Como recordaba entrañablemente el P. Juan Jaime: «La muerte no tiene la última palabra. Cuando un cristiano sufre, no está solo: Cristo Médico se hace presente en el óleo bendito, y María Santísima, que estuvo de pie al pie de la Cruz, acoge la mano de su hijo en el lecho del dolor para llevarlo directamente a los brazos del Padre».
III. El Bálsamo de Emaús: Desafío Pastoral
Llena de esperanza y dignidad el ocaso de la vida terrena:
- Munus Profético: Alza la voz con coraje en internet en defensa de la vida desde su concepción hasta su fin natural:
- Munus Sacerdotal: Ofrece tu cansancio físico o alguna dolencia personal por los agonizantes de este día, rezando con fervor la jaculatoria final del Ave María: «Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte».
- Munus Real: Visita a un enfermo o anciano en un hospital o asilo. Si un familiar cercano se encuentra gravemente enfermo, avisa de inmediato al sacerdote de su parroquia para que le administre la Santa Unción y la Comunión.
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